25Hombres en Màgia Roja

25hombres

El grupo de música experimental de Menorca y Girona 25Hombres regresó a la
asociación cultural y sello musical de la Villa de Gràcia, Màgia Roja. Tras su exitoso
paso por Hangar, fábrica de creación de artes visuales en Poble Nou, el 25 de octubre,
dentro del festival anual de música experimental LEM, el grupo catalanobalear volvió a
sorprender a la treintena de personas que se atrevieron a asistir al concierto.

Con una puesta en escena suficientemente elaborada para las dimensiones del local,
25Hombres se dedicaron a transportar al público allí congregado a un sueño perturbador
desde bien iniciado el espectáculo. Sus medias de atracador ocultando su rostro, seña de
identidad de la formación, son la puerta de entrada a su universo mágico, lleno de
guiños a la cultura industrial, al inconsciente y a la crítica social.
Si añadimos a su indumentaria una capa con tintes satánicos y sectarios el resultado que
nos encontramos es el de estar presenciando un rito ceremonial. Un rito que nos eleva a
otra dimensión y nos deja inmersos/as en nuestros propios pensamientos e historias, sin
ser conscientes siquiera. Quién sabe si no nos llevan directamente a lo más profundo de
algunas de nuestras pesadillas.

Los potenciómetros, sintetizadores y demás cacharrería analógica son los responsables
de ese viaje hipnótico. Todo eso podría tener el riesgo de crear un sonido experimental
demasiado obvio si es que no fuera acompañado de sonidos cotidianos –gotas de lluvia,
ruidos de papeles, de muebles, etc.– que le dan a todo el conjunto una extraña
familiaridad. Tal como si fuera la banda sonora de nuestras rutinas diarias, hecho que
hace el espectáculo todavía más desconcertante.
Aparte del habitual despliegue de aparatos electrónicos, habría que subrayar la
inquietante presencia en el fondo del escenario de un conjunto de sierras. Utilizadas a
priori como recurso sonoro (sin demasiada fortuna, desgraciadamente), ofrecían el toque
siniestro y macabro que un concierto de estas características demanda. Puesto que
estamos asistiendo a una ceremonia, pónganle el adjetivo que deseen, las sierras vienen
a decirnos que estamos presenciando algo serio y real. Quién sabe lo que puede suceder
ahí…

Como broche de oro, asistimos al acto público de “bautizo”de los miembros de la
formación a su nueva “religión” o “doctrina”. Todo muy teatralizado: hacia la tercera
parte del espectáculo, el líder del grupo se trasladó al centro del escenario para pintar en
las camisetas del resto de componentes los símbolos de la banda. Símbolos inconexos,
aparentemente, para legos en la materia. Al cabo, se pudo distinguir a uno de los
miembros “a cuatro patas” en el suelo. ¿Significa esto
la sumisión que exige el líder hacia su persona a los miembros del grupo? ¿O es, acaso,
lo que se le pide al público que está viendo la actuación? Quién sabe si no es una
metáfora de lo que somos todas y todos en este mundo loco… Figuras claudicando ante
los poderes fácticos.

Si todavía piensan que este grupo es demasiado serio como para ir a verlo es porque
todavía no les he explicado el punto gamberro que le dan a sus espectáculos. Sea desde
el inicio con la irrupción a todo volumen de un tema punk, despertándonos del letargo
en el que habíamos entrado. Sea con el empleo de extractos de programas de televisión,
radio, o vaya usted a saber (discursos en alemán, por ejemplo), el espectáculo se
transforma en una crítica hacia la sociedad que nos ha tocado vivir. Geniales, la
referencia al local que les acoge cuando suena la voz de Iker Jiménez charlando sobre la
magia roja, o haciéndose algunos guiños auto-referenciales tal como hicieron en el
cierre de su bolo en el LEM (suena una voz de un hombre diciendo “… se pusieron las
máscaras, hicieron su trabajo profesionalmente y se largaron”, seguramente extraído
de un telediario explicando un atraco). ¿Qué mejor que esta definición sobre ellos para
cerrar esta crónica?

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